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Me apena decir que el ejercicio y yo nunca hemos tenido una buena relación. Nunca fui buena en deportes, y por lo tanto siempre les huí (o tal vez nunca fui buena en deportes porque siempre les huí). Yo era de esos niños que los otros (los que sí son buenos) eligen siempre al final para hacer sus equipos, a los que evaden, por los que se pelean (-no, yo no lo quiero, qué se quede en tu equipo).
En la primaria y en la secundaria los deportes eran la clase de Educación Física y prácticamente era llevar el pants y salir a jugar.
Más tarde, cuando tenía unos 13 años mi mamá me compró un balón de volley, que por su puesto jamás usé, pese a su insistencia en enseñarme a jugar (años después me arrepentí, cuando mis amigas de la prepa jugaban para la selección).
Lo más cerca que estuve de un balón fue cuando iba en 5º año de prepa, algunas niñas organizaron un torneo de fútbol y yo formaba parte de uno de los equipos. Realmente me gustaba mucho decir que jugaba fútbol, que entrenaba, que era parte del equipo. Claro que, jugaba muy mal, casi no recibía pases, nunca metí un gol, y aún así, lo disfruté mucho.
Finalmente, hace dos años empecé a ir al gimnasio, y debo confesar que no era algo que me entusiasmara mucho, como dije al principio, el ejercicio y yo no somos buenos amigos, y el pasado octubre tuve que dejarlo por motivos de fuerza mayor :P
Ayer fue mi primer día de salir a correr. Corrí unos cuarenta minutos en un parque cercano.
* Yo de bebé. Junto se pueden ver los Panam de mi papá :)
