**
Apenas me senté en el diminuto asiento del boeing 747 que fue el patrocinador de uno de los días más incómodos de mi vida, me quedé dormida. Lamentablemente el sueño no fue profundo, a pesar de que llevaba 28 horas de vigilia, y al abrir los ojos, no sé cuánto tiempo después, pero con certeza fue muy poco, la mujer de al lado se dirigió hacia mi recomendándome una posición más cómoda.
Varias siestas, una revista, dos comidas, varios vasos de agua, una coca-cola, un café, una mordida de chocolate y dos mitades de películas después, estaba aterrizando en la ciudad, en donde me esperaba una cena y mi vieja cama.
El regreso no fue definitivamente como lo imaginaba, manipular los 40 kilos de equipaje hicieron que los nervios casi desaparecieran. Y lo único que se quedó fue ese enorme vacío dentro de mi, ¿así se siente cuando donas un riñón?
**